Cuando de los errores resultan ideas visionarias

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Y la gente sonreía, y le gritaba cosas de camino. Sin embargo, pronto se le acabaron esos papeles de diferente denominación y el medio millar de propalcote impreso…

Comenzó como la más de las descabelladas historias en la que un hombre corría por las calles buscando un ideal. Caminó de aquí a allá, tropezó con mujeres bellas de falda corta y de falda larga. Salió por entre los músculos y pesas de los gimnasios. Saltó de una acera a otra, junto a imponentes edificios de techos tan altos que se fundían con el sol. Por último, ingresó varias veces a facebook para buscar montones de Likes, y se rindió.

Entró al café más afamado de la ciudad, y se sentó a revisar una y otra vez los portales en internet. Sacó un fajo de billetes que no le cabían en su morral, pagó tres veces la cuenta con la cantidad que dejó sobre la mesa y huyó. Salió botando billetes y volantes a diestra y siniestra. Y la gente sonreía, y le gritaba cosas de camino. Sin embargo, pronto se le acabaron esos papeles de diferente denominación y el medio millar de propalcote impreso, y lo que pensó que era la perfección, su ideal, se le esfumó. Ya nadie le siguió. Y se sentó en la calle para pensar.

Miró hacia un lado y luego al otro. Sacó un cigarro sin filtro y del otro bolsillo una pequeña botella metálica con un poco de alcohol, y se levantó para entrar a cada una de los pocos bares y discotecas abiertos en la ciudad. Bebió y fumó, hasta que lo sedujo otra vez la perfección, el tan buscado ideal. Todos le sonrieron, gritaron y bailaron junto a él de la emoción, hasta que sus fondos en cero de las tarjetas, su conciencia y la ley seca de ese día le sacaron del lugar, para dejarlo justo en el sitio en donde todo empezó, en la imprenta, a una cuadra de la agencia de publicidad.

El amanecer lo despertó con esa indescriptible sensación de la resaca que dejaba la preocupación por una bancarrota y que aumentaba por el sol. Con sus bolsillos rotos y sin moneda alguna, caminó siguiendo los carteles y las sombras producidas por los muros en las calles que cerraban sus puertas justo al momento de pasar. Dio un tropiezo y cayó.

Puso sus puños sobre el pavimento y se arrodilló para ver pasar frente a sus ojos el aviso en policromía del periódico de ayer que justo el viento lo dobló en el punto que diría “ideal”. Bajó su cabeza desanimado y vio solo la parte inferior del gran vehículo que pasaba en ese momento con el nuevo eslogan de la millonaria campaña en la valla móvil de la marca que le había contratado hacía un mes. Leyó las ocho siguientes palabras para completar la frase, la parte del texto que el brillo del sol le permitió: “… es lo que vale. Ahí está el futuro“. Se incorporó y empezó a correr detrás del carro. Era la prueba que necesitaba y se había negado a ver por largo rato para saber si era verdad lo que los empleados de la agencia le habían contado y que ya estaba en todos los  medios.

Dobló la última esquina para encontrar parqueado el camión con la valla móvil, y leyó lo que efectivamente no llevaba la palabra ideal al comenzar.

Sintió su celular en el bolsillo y contestó: El gráfico si se equivocó. Aunque la campaña salió mal y ese error de ortografía nos mató, el Consejo Nacional Electoral como instituto colombiano de supervisión y vigilancia de los procesos electorales decidió tomar esta campaña como un llamado a la transparencia y a la visión al momento de elegir a los candidatos. Aprobaron el nuevo copy, lo encontraron visionario “Idear es lo que vale. Ahí está el futuro”

Álvaro Medina Mejía.

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Disertaciones surreales para ganar

Salvador Dali egg

Esta es una obra de Salvador Dalí que lleva por nombre “El huevo” Ahora la comprendo, el nacimiento y el nuevo amanecer…

Había visto caer uno a uno, rendirse y dar un par de palmadas sobre el tatami, con el fin de parar la lucha que habían empezado en diferentes momentos y en el mismo lugar.

Esta vez sería diferente, la buena actitud, la fe y la ciencia serían entonces la mejor arma para ganar. Le parecía increíble cada una de las excusas y posiciones ridículas frente a los retos de los otros. Negativos de nacimiento y por convicción.

Veía entonces en cada uno de los llamados retos impuestos por el diario vivir, una insignificante cuestión que mataría al hombre y castraría la mente desde niños, para centrar su posición y estilo de vida en los excesos dados por el dinero, la ausencia del alma y la pérdida de la ocasión. La falta de fe que dicen por ahí.

Fue en esa ocasión un débil para los ojos de Dios, la pobreza del hombre expresada en palabras sin sentido y gustos por lo gastado del momento a momento, ocultos tras el movimiento de las manecillas del reloj. Lo aburrido del juego cuando ya no quieres más y el reconocimiento de lo inerte de los pensamientos y acciones de quienes no creen y hablan del jamás.

Supo con orgullo que era el indicado para la nueva semana que habría de llegar, y que pese, a ser visto y pensado en otro día que no fuera domingo como último día de la semana regular, las oportunidades y las ganas de vivir, seguirían yendo de la mano de él de arriba y la luz que te muestra cada nuevo sol, y que deja atrás la marcada sombra que observan muchos que solo miran para atrás.

Álvaro Medina Mejía.

La última entrevista.

Su experiencia le dictaba que debía esperar para ver sus comportamientos.  Conocía de ellos lo suficiente y mucho más, y sabía que a su corta edad tenían más cartones de los que pudo imaginar...

Su experiencia le dictaba que debía esperar para ver sus comportamientos. Conocía de ellos lo suficiente y mucho más, y sabía que a su corta edad tenían más cartones de los que pudo imaginar…

Historias de entrevistas de última generación

Puso sus prejuicios bajo el reflejo del sol que brillaba más que antes sobre la mesa del café. La mente apuntaba con su mirada fija a que este era el primer paso para decidir, luego de analizar.

De esas situaciones incómodas que no quieres repetir y que te hacen sonreír, mientras veía como uno de ellos sin gesto alguno se animó decir: – ¿hace calor, verdad? Era la pregunta más estúpida acompañada de una respuesta insignificante que le salió a ella, debido a la inercia mental: – Si. Mucho. Y se acomodaron los lentes para el sol de diferente manera, ella de una forma lenta, mientras descargaba su IPhone, y él de un modo rápido, pero torpe, sacando de su bolsillo el Smartphone que no dejaba de pitar. Bajaron sus miradas, tomaron su equipo y respondieron rápidamente con sus dedos los mensajes que timbraban sin cesar.

No superaban los 22, pertenecían a los últimos años de la generación llamada Millenials, la entrada a la generación Z; eso lo sabía y era de vital importancia para él,  el  encargado de hacer el último filtro de selección a los candidatos indicados para la empresa, la persona mejor capacitada y con la experiencia  que le dan los años para tomar la decisión.

Su instinto le dictaba que debía esperar para ver sus comportamientos.  Conocía de ellos lo suficiente y mucho más. Sabía que pese a las presiones externas para aprobar, los muchos cartones a su corta edad y la sangre en sus venas que hacían honor al nombre del lugar, Café Azul,  el momento le daría las razones suficientes para la aprobación, luego de la supuesta entrevista que debía realizar.

No cruzaron palabras, ni siquiera se miraron, tampoco armaron más de 2 oraciones para decirle claramente al mesero que iban a esperar. Él cruzó su brazo izquierdo para agarrar con su mano derecha la Tablet, en la cual no dejaba de jugar, mientras ella cruzó su pierna derecha para luego mirar hacia la cámara del celular que a punto de “Selfies” besaba sin cesar. Y ahí estaban, el par de nuevos jefes que miraban sobre el hombro a cada persona del lugar, los compañeros de trabajo a quien habían llamado la dupla perfecta, elegidos para la empresa más prestigiosa de la ciudad.

Frente a ellos y bajo la mesa del paraguas, detrás de los jardines del lugar, justo a unos metros donde ellos se dedicaban a esperar, llegó un mesero para agregar:  -Que gusto tenerlo por acá señor Williams. ¿Quiere usted que le haga un espacio en la mesa de sus nietos?  Y él respondió, -No. Gracias Jimmy. Voy de afán para una junta en la empresa.  Hizo un par de equis con su pluma, pagó su cuenta y la de los postulados al cargo, tomó su paraguas, la agenda de mano, ajustó su saco y corbata, y salió con su cabeza baja, sin que lo notaran esas dos personas en el lugar.

Álvaro Medina Mejía. Consultor en comunicación y diseño.

Un cuento medio adictivo

Tomó el arma y con gran valentía disparó sobre la TV…

Y con un disparo de basura sobre su cabeza perforó sus ideas para colgarlas de la puerta, mientras ella, a la entrada de la habitación, describía con la sarcástica sonrisa que no pasaría por allí, y que preferiría entrar por la ventana para no caer en el juego que alumbraba bajo la puerta y que amenazaba atacarla. Era como una de esas trampas para capturar a grandes presas.

Se lanzó desde el ático para caer sobre el techo que daba al ventanal. Tomó el aire suficiente, el poco que dejaron  las hojas del sauce viejo que la catapultó sobre la humanidad de Jota. Se paró frente a él,  le miró a los ojos, y se dio cuenta que no existía espíritu dentro de su alma, que talvez, su pensamiento divagaba en su inconsciente.  Mostraba como a través del REM bajos sus párpados cerrados, su cabeza dirigida hacia la TV que saltaba de canal a canal, y su dedo, como presionaba con fuerza el arma que había destrozado su masa dentro de la estructura craneal. Era una situación sin control remoto, común para los habitantes una ciudad de estas en el tercer mundo.

Tomó aire y bajó su cabeza que dejó caer sus cabellos rubios largos sobre la alfombra de su amigo. Tomó el arma y con gran valentía disparó sobre la TV de Jota. TURN OFF y hasta ahí llegó la historia, justo en horario triple A.

Al día siguiente, los diarios ocultarían que muchos murieron noche a noche…

Álvaro Medina Mejía. #Cuentos.