Aprendiendo de historias maestras

CLASE2

Una historia sobre el aprendizaje y las cosas que pasan en un salón de clase.

Por Álvaro Medina Mejía.

La vieja escuela de maestros tiene que cambiar, es lo que dicen algunos líderes y pensadores de la educación reconocidos en el mundo. Y saben algo, aunque tienen la razón y los aportes de ellos han sido valiosos, es una teoría mal interpretada. El modelo pedagógico empleado en la mayoría de las universidades y colegios se ha valido de una promesa de venta basada en el uso del modelo constructivista y la formación experiencial para los jóvenes de hoy.   Esto ha permitido además que las instituciones educativas hayan convertido a la educación en algo permisivo para los estudiantes, en un recurso táctico publicitario que viene afectando la calidad de la educación.

¿Dónde quedó la exigencia y el estímulo para el estudiante competitivo que aprende de las experiencias de sus maestros? ¿Dónde quedaron los ideales de los pensadores de la educación si esta es un negocio en la actualidad?

Bueno, dejaré las anteriores preguntas para compartirles una historia que habla de esos maestros. Porque me gustaría pedirte que me dijeras ¿quién es ese maestro que marcó tu formación o te cambió la vida?

Empezaré por decirles que esta historia no me pertenece, todo el crédito es para los estudiantes de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia de Bogotá, y que si bien, no profundiza en la estructura del sistema educativo del país, es una muestra del talento de  algunos maestros de vieja data, y porque no, de la creatividad de los estudiantes que llevaron a que ocurriera esta situación.

A finales de los 90, los estudiantes de la carrera de Derecho, decidieron hacerle una broma a uno de los docentes más admirados por ellos, y con el cual tenían y continuarían una buena relación. Por ello, resolvieron no entrar a clase, la pereza y ese toque de irresponsabilidad que sucede en ciertos momentos de la época universitaria, les llevó a meter un burro que había en los campos de la facultad de veterinaria al aula de clase.

Ubicados en un punto estratégico los estudiantes observaron la escena. El maestro entró al salón y no volvió a salir. Pasaron las tres horas de clase, y como si nada hubiese pasado, salió de allí con una leve sonrisa y su portafolio bajo el brazo.

Los estudiantes extrañados, esperaron algún tipo de llamado de atención por parte de los directivos; sin embargo, en la hora siguiente no se vio ningún movimiento, excepto los mismos estudiantes que se acercaron al salón para sacar al burro que se encontraba aún allí, junto a un letrero sobre el pizarrón que decía:

“Pregúntenle a su compañero por el tema visto en clase. La próxima semana habrá examen sobre ello”.

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El artista de sus sueños. Crítica al mundo del arte

Tras el artista

Y en ese momento despertó pensando en las mil y una formas de plasmar sobre el lienzo lo que había visto y hecho a través de su sueño. Y como era lo acostumbrado, boceteó y escribió la forma en que lo diseñaría para no ir a olvidarlo. Su cerebro derecho solía jugarle malas pasadas a su memoria.

Se paró frente al lienzo y recordó que dividir el plano podría ser el primer boceto para construir la obra que tenía pensada. Partió el lienzo en mitades usando diagonales e indicando futuros puntos focales, y cuando, dio la primera pincelada, determinó qué color, en este caso, su color preferido, marcaría el punto fático para dar el inicio y el recorrido visual a la obra que dictó su inconsciente

Pensó en lo ilógico para llegar a lo lógico de la manifestación inconsciente que lo llevaría a plasmar su obra artística de tinte surreal. Como si una fuerza externa, del alma y guiada por los recuerdos de la vida y de la metafísica que se ancla en la teoría del supraconsciente casi celestial, libre de raciocinios y ataduras, como si fuese sacado de una guía impresa con índice y demás, pintó en tres meses lo que medido en horas es complejo calcular, para luego pensar que talvez el lápiz y el pincel cobraron vida y lo lograron desdoblar.

Creyó tanto en sus años de estudio y práctica, en la creatividad, en el talento y la firme decisión ante el reto del artista y la hoja en blanco, para plasmar lo que su alma e intelecto le presentarían  luego a miles de observadores que posiblemente se irían ante la presencia de un crítico dominado por gustos propios y las tendencias en el mercado del arte, que si bien de técnica, colores e historia, su formación y experiencia le permitirían saber, posiblemente la obra sería de bajo interés para su corriente, pues no le llevaría a figurar en destacados de revistas o ser mencionado por las grandes personalidades del jet set y millonarios en cadena.

Tendrían grandes artistas como Van Gogh mejor calidad de vida. Tendrían todos esos artistas de mochila al hombro y bolsillos vacíos más respaldo para seguir su carrera creativa, llenas de sueños para pintar, solo si, las universidades enseñaran a mercadear el arte y las galerías o personas que saben de ello, valoraran el trabajo y la responsabilidad de trabajar para quienes ven en el arte su sueño.