El Portafolio. Un primer gran paso, más allá de la identidad

PORTAFOLIO 1A ENTREGA

Primera entrega

La herramienta para presentación trabajos y construcción de imagen de marca persona para los diseñadores, el portafolio, se ha convertido hoy día en la principal e imprescindible carta de presentación de los profesionales creativos a la hora de marcar la diferencia en un mercado laboral, cada vez más competitivo y de habilidades específicas requeridas y demostrables para trabajar.

La comunicación y el boom de los medios digitales como canales de comunicación, hacen de cada una de las páginas web con direcciones cuyo dominio recae sobre el nombre de los profesionales en diseño, o sobre los apellidos que se asumen por los portales gratuitos web como Wix o Portfoliobox, la estrategia ideal para el posicionamiento y reconocimiento de los perfiles profesionales que se encuentran a través de una primera búsqueda en la web. Se han convertido estos espacios, en el complemento perfecto para consolidar la imagen expuesta a través del Curriculum Vitae al equipo de talento humano o cazatalentos en general.

Si bien, el objetivo de este artículo es referirnos a la construcción de un portafolio, es importante tener en cuenta que antes de diseñar el mismo, se hace necesario pensar en una estrategia de comunicación para posicionar la identidad e imagen del diseñador, por ello, no descuides las redes sociales, cuida tus publicaciones antes y después de diseñar tu portafolio. De esto hablaremos en una próxima publicación.

El concepto de diseño, los parámetros expuestos para el definir contenido del portafolio, las piezas y la información seleccionada, y la clara definición de la estrategia para el posicionamiento de la imagen de la marca persona, se unen a los elementos de comunicación que se requieren para la construcción del portafolio digital y o impreso; pues, la impresión de esta herramienta seguirá siendo una opción vigente para su presentación.

En esta primera entrega hablaremos de comunicación.

El lingüista moscovita Roman Jakobson planteó una serie de factores o funciones importantes para tener en cuenta al escribir obras literarias o construir piezas de comunicación en general. El boom de la literatura latinoamericana en el siglo pasado lo llevó a exponer unos componentes, de los cuales retomaré 5, aplicables en este caso al diseño del portafolio, como herramienta de comunicación diseñada para persuadir y presentar, al igual que los textos literarios a los que él se refirió.

1. Función Conativa o del receptor: Identifica a quien deseas llegar. Quién es tu cliente, cuáles son sus intereses y los tuyos. De qué manera me debo presentar y cuál es el contenido (imágenes y texto) a entregar.

2. Función Emotiva o del emisor: No debo dejar de ser yo. La identidad y la imagen deben ir de la mano. Los objetivos deben ser claros y se deben percibir en el contenido del portafolio.
Y no te olvides de producir emociones. Lo formal es lo indicado; sin embargo, su exceso lo vuelve acartonado y no comunica.

3. Función Fática: Importante resulta que definas palabras claves que ayuden a identificar tus objetivos. Imágenes y palabras que se conserven página a página, que connoten y hablen de lo que te gusta, deseas y quieres proyectar. Estas palabras e imágenes deben destacarse dentro del diseño y generar un punto de atención.

4. Función Metalingüística: Si eres un profesional, que los otros te vean y lean como tal. Emplea un lenguaje adecuado, sin sonar acartonado, y que tu diseño demuestre la calidad en el trabajo que te ha de destacar.

5. Función Estética: De acuerdo a tu intención, así lucirá tu portafolio. Y como eres un diseñador, pues que luzca como tal, con concepto, sentido estético y diseño, hecho por un profesional.

Álvaro Medina Mejía.

Docente de portafolio y especialista en comunicación de marca.

Cuando de los errores resultan ideas visionarias

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Y la gente sonreía, y le gritaba cosas de camino. Sin embargo, pronto se le acabaron esos papeles de diferente denominación y el medio millar de propalcote impreso…

Comenzó como la más de las descabelladas historias en la que un hombre corría por las calles buscando un ideal. Caminó de aquí a allá, tropezó con mujeres bellas de falda corta y de falda larga. Salió por entre los músculos y pesas de los gimnasios. Saltó de una acera a otra, junto a imponentes edificios de techos tan altos que se fundían con el sol. Por último, ingresó varias veces a facebook para buscar montones de Likes, y se rindió.

Entró al café más afamado de la ciudad, y se sentó a revisar una y otra vez los portales en internet. Sacó un fajo de billetes que no le cabían en su morral, pagó tres veces la cuenta con la cantidad que dejó sobre la mesa y huyó. Salió botando billetes y volantes a diestra y siniestra. Y la gente sonreía, y le gritaba cosas de camino. Sin embargo, pronto se le acabaron esos papeles de diferente denominación y el medio millar de propalcote impreso, y lo que pensó que era la perfección, su ideal, se le esfumó. Ya nadie le siguió. Y se sentó en la calle para pensar.

Miró hacia un lado y luego al otro. Sacó un cigarro sin filtro y del otro bolsillo una pequeña botella metálica con un poco de alcohol, y se levantó para entrar a cada una de los pocos bares y discotecas abiertos en la ciudad. Bebió y fumó, hasta que lo sedujo otra vez la perfección, el tan buscado ideal. Todos le sonrieron, gritaron y bailaron junto a él de la emoción, hasta que sus fondos en cero de las tarjetas, su conciencia y la ley seca de ese día le sacaron del lugar, para dejarlo justo en el sitio en donde todo empezó, en la imprenta, a una cuadra de la agencia de publicidad.

El amanecer lo despertó con esa indescriptible sensación de la resaca que dejaba la preocupación por una bancarrota y que aumentaba por el sol. Con sus bolsillos rotos y sin moneda alguna, caminó siguiendo los carteles y las sombras producidas por los muros en las calles que cerraban sus puertas justo al momento de pasar. Dio un tropiezo y cayó.

Puso sus puños sobre el pavimento y se arrodilló para ver pasar frente a sus ojos el aviso en policromía del periódico de ayer que justo el viento lo dobló en el punto que diría “ideal”. Bajó su cabeza desanimado y vio solo la parte inferior del gran vehículo que pasaba en ese momento con el nuevo eslogan de la millonaria campaña en la valla móvil de la marca que le había contratado hacía un mes. Leyó las ocho siguientes palabras para completar la frase, la parte del texto que el brillo del sol le permitió: “… es lo que vale. Ahí está el futuro“. Se incorporó y empezó a correr detrás del carro. Era la prueba que necesitaba y se había negado a ver por largo rato para saber si era verdad lo que los empleados de la agencia le habían contado y que ya estaba en todos los  medios.

Dobló la última esquina para encontrar parqueado el camión con la valla móvil, y leyó lo que efectivamente no llevaba la palabra ideal al comenzar.

Sintió su celular en el bolsillo y contestó: El gráfico si se equivocó. Aunque la campaña salió mal y ese error de ortografía nos mató, el Consejo Nacional Electoral como instituto colombiano de supervisión y vigilancia de los procesos electorales decidió tomar esta campaña como un llamado a la transparencia y a la visión al momento de elegir a los candidatos. Aprobaron el nuevo copy, lo encontraron visionario “Idear es lo que vale. Ahí está el futuro”

Álvaro Medina Mejía.